Los años pasaban, y yo no aguantaba más, me criticaban, me decían de todo sólo porque la pelota no entraba en el aro, o porque me salía algo mal, pero, sobre todas las cosas porque era gordo. En los partidos aveces no me ponían, era sufrimiento más sufrimiento. Después de tantos años haciendo algo que realmente no me gustaba le dije a mi hermana "Decile a mamá que quiero empezar natación" claro, se lo dije llorando. Los días pasaban y nada cambiaba...
Hasta que un día mamá me dijo "Te inscribí en natación"... La felicidad de saber que iba a empezar lo que realmente me gustaba y nunca me animé a decírselo a nadie durante 11 años, era enorme.
Pero, unas horas después algo me puso nuevamente mal, yo no iba a dejar básquet e iba hacer las dos cosas. Yo no quería. En ese momento fue cuando me planté y dije: "mamá si yo no hago sólo natación, no hago nada" esas palabras eran realmente jugadas, porque era o natación o nada pero, en el fondo del corazón de mi mamá algo hizo que haga que cambie de rosca y deje básquet. Que bueno, ¿no?
Pasó un año, obviamente algo bajé de peso, eso fue fenomenal.
Tiempo después yo quería competir, correr, no ser "uno más del club" quería ser un alguien más del club, alguien que pueda representarlos... Jodí, jodí, jodí hasta que un lunes a las 17:00 hs. de un septiembre, empezé la felicidad de saber que iba a poder competir quizás en un futuro a nivel nacional era inexplicable.
Pasó un año, y... Todo se derrumbó. Mi oído ¿que pasó? Estaba cumpliendo mi sueño pero, todo parecía que se venía abajo pensé que tendría que dejar y no poder nadar más, tuve que dejar 5 meses que eran interminables. Llegar a las cuatro de la tarde y saber que tendría que quedarme en mi casa, no era muy lindo pero valió la pena... Después de meses de entrenamiento así me encuentro, más flaco por cierto, pero lo más importante es poder contar esta historia y decir ¡TODO SE PUEDE, NADA ES IMPOSIBLE!
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